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miércoles, 27 de octubre de 2010

la importancia de la palabra escrita

A pesar de los obstáculos y restricciones, la palabra escrita posee la fuerza para cambiar el mundo. Por ello le temen los sistemas autoritarios. De ahí la quema de libros y el exilio o la muerte de escritores y periodistas, anotó Ryszard Kapuscinsky en el último de sus artículos que publicó el pasado 24 de enero en Gazeta Wyborcza, diario polaco del que era colaborador habitual.

¿La escritura puede hacer que algo cambie? Sí, lo creo profundamente. Sin esa fe no podría escribir. Desde luego soy consciente de todas las restricciones que nos ponen las circunstancias, las situaciones, la historia y el tiempo. Por ello mi fe, aunque profunda, no es absoluta, no es ciega.

¿En qué consiste la principal restricción? La escritura sólo raras veces, en casos excepcionales, influye en la gente. Y, en el transcurso de la historia, no lo hace de forma directa, radical y de inmediato. La reacción a la palabra escrita es más bien mediata. En el primer momento puede ser incluso invisible, indetectable. Necesita tiempo para llegar a la conciencia del receptor, necesita tiempo para empezar a formar o cambiar esa conciencia. Sólo después de un largo camino podrá influir en nuestras decisiones, actitudes y acciones.

El que la escritura produzca cambios no lo deciden sólo los autores, sino sobre todo los lectores: su sensibilidad y confianza en la palabra, su prontitud y deseo para reaccionar a la palabra recibida. Es también importante el contexto, el ambiente, el estado de una cultura imperante en que esa palabra cae y es recibida. Con frecuencia estas son las circunstancias que pueden debilitar e incluso aniquilar el valor y la fuerza de la palabra escrita y sobre la cual el autor de un texto no tiene mayor influencia.

Sin embargo, a pesar de ese impedimento, estoy seguro que escribir puede provocar cambios. Lo digo con base en la experiencia de mis numerosos colegas que han puesto en peligro su vida y que, incluso, la han entregado. La entregaron para que su labor no sólo informara sobre lo que ocurre en el mundo, sino para desenmascarar el mal, sanar una situación o hacer al mundo más humano.

Daré un ejemplo. Desde 1959 Ruanda fue un país de masacres entre tribus y castas que se repetían en forma sistemática. El mundo lo ignoraba. Durante decenios ese país no dejó entrar a periodistas. Yo mismo, viviendo en la vecina Tanzania, traté en varias ocasiones, sin resultado alguno, de cruzar la frontera. Fue hasta que se escribió sobre las masacres de 1994 que la opinión mundial despertó. Y a partir de ese año Ruanda, por primera vez en su historia, dejó de ser lugar de sangrientos y masivos ajustes de cuentas internas.

Fue precisamente la escritura desenmascaradora y acusadora, y a menudo simplemente informativa, la que tuvo una importante papel en el conocimiento de los Gulags y de los campos de concentración, así como en el derrumbe de muchos regímenes criminales, de dictaduras del tipo de Pol Pot, Mobutu, Amin o Duvalier. Ello fue posible porque la palabra escrita pudo siempre cambiar muchas cosas. Ella ha provocado durante siglos el temor de todo poder autoritario que la ha combatido mediante diversos métodos. De ahí la colocación de libros en los índices eclesiásticos, de ahí la quema libros en las piras, de ahí obligar a los escritores al exilio, de condenarlos a muerte.

En el fondo no podemos imaginarnos un libro de texto de la historia universal que no tuviera un capítulo de cómo la palabra escrita en forma de volantes, escritos secretos, prensa clandestina y editoriales irregulares influyeron en el resultado de luchas sociales y políticas.

Cuando preguntamos: “¿La escritura puede hacer cambiar algo?” La mayoría de las veces pensamos que se trata de un cambio positivo, dirigido a hacer un mundo mejor. Pero no olvidemos que la escritura puede intentar que el mundo sea peor, que contribuya a aumentar el mal, el odio y la agresión. Tal función la cumple cuando se escribe en el tono del fanatismo y la xenofobia, del fundamentalismo y el racismo. Por ejemplo, los libros al estilo de Protocolos de los sabios de Sión o Mi lucha de Hitler

Pienso que la pregunta sobre cuál es el carácter de la relación entre la escritura y el cambio es muy importante y actual. Esta pregunta surge de la inquietud sobre la eficacia de nuestras acciones literarias por el valor mismo de la escritura. Porque por un lado vemos una enorme proliferación de la palabra escrita –hay cada vez más libros, revistas y periódicos– y al mismo tiempo percibimos cuánto mal hay en este mundo y como la cantidad de temores y conflictos en nuestro planeta aumenta en lugar de disminuir. De ahí el escepticismo de muchos creadores, de ahí la frecuente desconfianza e incluso la incredulidad en el sentido de nuestra escritura.

La mente de un hombre contemporáneo es constantemente regada con un diluvio de palabras, por lo que éstas pronto pierden su valor y fuerza. Cada vez nos hablan menos y más nos desorientan, agotan y fastidian. Y sin embargo, ese exceso, esa sobreproducción no debería desanimarnos.

La literatura siempre ha asumido su responsabilidad. Desde hace miles de años ha acompañado la vida de las sucesivas generaciones, a veces cambiándolas para ser mejores. Y hoy nada la libra de esa obligación. Por el contrario, los tiempos difíciles en los que vivimos nos ordenan que, con una fuerza y fe especial, digamos: “Sí, la escritura puede cambiar algo para que sea mejor, aunque sea poco, pero puede”.

miércoles, 1 de septiembre de 2010

mis historia de vida

Hola:


yo soy Israel Campa Degante nacido en el distrito federal a la manera antigua, con partera y por cierto naci en la casa de mi abuela materna en la misma casa donde nacieron todos mis tíos incluyendo por supuesto a mi señora madre. Soy el primogénito de una familia de 4 integrantes mi padre (Armando 47 años), mi madre (Consuelo 44 años), Israel (23 años), Iván (20 años).

Antes de que naciera, mis padres tuvieron que conocerse, y para que eso pasara mis abuelos tantos de parte de mi madre como de mi padre tuvieron que conocerse, y claro no solo conocerse también otras cosas, así que empecemos hasta donde mis abuelos tuvieron memoria para contarme los acontecimientos que desencadenaron mi alumbramiento.

La historia comienza en Hidalgo, en un pueblo llamado Santiago Tezontlale hay había dos personas, un joven de aproximadamente 15 años, y una dama de 8 años, los dos sujetos en cuestión, siendo del mismo pueblo emigran a la cuidad capital como tantas otras historias, bueno, el caso que la joven de nombre Jesús llega a la colonia roma, los maltratos excesivos en su casa la obligan a seguir a una tía materna la cual la emplea en cuestiones domesticas.

El joven de nombre Félix llega un poco más lejos, a Xochimilco, donde su primer trabajo en la ciudad es de albañil, el cual deja enseguida al no aguantarlo, depuse de eso consigue trabajo en una empresa de fármacos de obrero, con el paso del tiempo no le cuesta trabajo consigue su licencia de manejo lo cual lo convierte en conductor de una de las pipas de la farmacéutica.

Al parecer algunos años pasan sin mucha novedad, hasta que un día al tío de Félix organizo una fiesta a la cual es invitado Félix y Jesús, lo cual conlleva al primer encuentro amoroso, como se podrán imaginar esas dos personas son mis abuelo paternos. Después de conocerse y darse cuenta que siendo del mismo pueblo viene a conocerse hasta acá tan lejos pues se hacen novio y al los dos años de noviazgo se casan por las de la ley.

Después de eso como es un poco obvio tienes hijos siendo Carlos el primero, Armando, Silvia, Olga, Marisa, Sergio, y David.

Cuenta mi abuela que del el primer hijo eran gemelos, pero en el hospital le dijeron que uno venia muerto el cual nunca se lo dejaron ve, y ella sospecha que se lo robaron.

Bueno la vida para mis tíos y mi padre al parecer no fue muy fácil, desde el nacimiento del primer hijo mis abuelos ya vivían en una casa rentada y compartida con otros hermanos de mi abuelo, bueno, el departamento ubicado en la colonia roma, la gente que hay habitaba era de todos los extractos sociales, desde lo amontonados en un departamento hasta la familia holgada que solo tenía un hijo, por lo cual mis tíos se hicieron hasta cierto punto populares en la colonia, la vida transcurría normal, por normal me refiero a que, mis abuelos no tenían dinero, todos si hijos en la escuela con grandes carencias sin zapatos y con muy poca ropa, mis abuelos enseñados a la antigua escuela de que con la sangre entra, trataron de educar así a sus hijos que ellos a su vez en algunos casos trataron de seguir con esa tradición(trauma), y como no después de que mi abuela trabajara todo el día haciendo labores domesticas ajenas llegar a la casa hacer la comida, y encontrarse con una casa es un mar de caos llena de escuincles desastrosos.

Mi abuelo era “chafirete del distro” era un taxi prestado que a mi abuelo se lo daban a cuenta para trabajar, su día comenzaba cuando iba a dejar a los más chicos a la escuela de ahí se pasaba casi toda el día en la calle buscando gente para transportar a lugares de la ciudad.

Si bien de cierta manera sus hijos se educaron solos un poco en la calle no salió ningún drogadicto o vándalo todos supieron comportarse y lo más grave que hicieron fue poncharle los balones a los vecinos ricos que no los dejaban jugar con ellos.

Mis abuelo procuraron darles escuela a todos aunque solo una acabo la universidad de medico los demás se desempeñaron como técnicos carreras truncas.